Penny Lane Dalmata

Hola soy Pilar Estrada de Grajeda y el presente es especialmente para agradecer a Marco Ojeda por la gran ayuda que nos dio al abrirnos los ojos, respecto a como se debe de comunicar uno con un cachorro (perro). Saben soy de las personas a las que no les gusta maltratar a los animales ni física ni psicológicamente, aunque en cierto modo la cultura de entrenamiento que existe comúnmente y tenemos mas a la mano es desafortunadamente la del maltrato.
Durante los primeros meces de mi cachorrita “Penny Lane” (una dálmata pecosita) noté que empezaba a hacer su voluntad y a presentar ciertos comportamientos no tan gratos, ustedes saben, pipi y popo dentro de casa, mordisquear mi mano y algunos objetos no valiosos, ya saben pues para evitar que sucediera eso, trate de informarme con familia y amigos respecto a posibles soluciones, la mayoría de los comentarios coincidían en la violencia “corrígela con periodicazos y ya veras que pronto se alinea” ¡Ja!... no saben sentía que se me rompería el corazón cada vez que Penny hacia sus necesidades básicas, como si yo tuviera el derecho de privarla de hacer pipi a golpes.
Luego cuando entendió cual era el mensaje, comenzamos a sentir una cierta rivalidad cada que llegábamos a casa, como si nos reclamara algo, pues empezaba a escarbar el jardín, morder y destrozar todo lo que le dejábamos a su alcance y por las noches se quería subir a la cama o me despertaba a mitad de la noche para que la llevara al baño en fin.... Nos cansamos de sentir eso, luego se le ocurrió a Iván (mi esposo) que la posible solución sería sacarla a pasear todos los días, tal vez necesitaba ejercicio, ya saben cansarla hasta que pasara una noche completa en su cama, pues nos dimos a la tarea de sacar a pasear a la pecosa 30 minutos como mínimo a diario, la soltábamos y corría impresionante parecía un galgo en carrera, eso si jamás obedecía cuando la llamábamos y eso si que estaba peligroso pues corría como loca detrás o delante de perros, niños o lo que fuera y sentíamos eso como un riesgo para ella, bueno pues el resultado fue lo contrario a lo que esperábamos, además de que con tanto ejercicio se convirtió en una atleta “INCONTROLABLE” empezó a comportarse como si realmente fuera ella la dueña y señora de la casa.

Un día si fue el acabose, mordisqueo 3 pares de mis zapatos favoritos y no supe que hacer, sentí tanta rabia que la regañe y la saque al patio, ella se la paso rasguñando la puerta ladrando y llorando (pobre pero entonces yo sentía que se lo había ganado a pulso).

Así que le pregunté a una amiga que tiene un labrador en casa y me dijo “no debes d
e dejar que el perro haga su voluntad debes hacerle saber quien manda y la mejor manera es golpeándolo, si no nunca va a entender”, otro amigo me dijo que sería bueno que la lleváramos con un entrenador muy recomendado, estuve investigando y la mayoría utilizaba unas técnicas de entrenamiento muy crueles, collares electrónicos, collares de castigo, palos y otros utensilios que me duele mencionar y hasta drogas.

Obvio que
no llevamos a Penny con ninguno de estos verdugos, pues aunque realmente era desobediente, nunca hemos creído en la enseñanza a golpes para nadie. Decidimos ignorar a Penny completamente y castigarle la salida si se portaba mal, al poco tiempo de la ley del hielo creo que Penny empezaba a entender pues cada vez que llegábamos se portaba bien y creo que hasta quería agradarnos con algunos trucos que yo le había enseñado en algunos ratitos libres. Hasta que un día volvió a las andadas, fuimos a la playa la soltamos y se fue corriendo detrás de un perro, le llame y no acudió tenia miedo de que se perdiera, por fin cuando la pudimos agarrar le pegamos muy fuerte y la castigamos, mi esposo se molesto mucho conmigo y yo con él, el camino de regreso a casa fue espantoso, Penny no comió nada, no hizo pipi ni popo en todo el día y fue cuando nos dimos cuenta de todo el daño que le estábamos causando a nuestra familia y a la propia Penny.

Yo me sentía mal como con un nudo en la garganta, pobre animal, pensaba... va
mos a terminar durmiéndola o peor regalándola y dejándola a su suerte, me asustaba mucho no poder tenerla conmigo, sentía que yo era la única responsable de su felicidad o en el caso de su desdicha. Un día mi esposo me comentó que teníamos que entrenarla si queríamos conservarla y tener una vida en paz con ella como la veíamos “como parte de nuestra familia”, así que comenzamos a ver programas como el encantador de perros con un tal Cesar Millán y otro programa con Victoria no se que, que nos impresiono mucho, saben “esos si que dominaban a las bestias” jajajajajaja.... Comenzamos a tomar cartas en el asunto y me di cuenta que en especial Cesar Millán manejaba técnicas medio raras, como que... “sacala a pasear corre con ella y no la dejes que rebase tu pierna”, “demuéstrale quien es el que manda” “quien es el líder de la manada” “y si te quiere pasar e ir por delante de ti metétele a fuerza y no la dejes pasar”.

Ahora se que eso es como violencia a discreción, una especie de do
mino basado en la humillación animal y pues tampoco me gusto así que seguí sin prestarle tanta importancia al entrenamiento pues yo tenia un problema conmigo misma. Con el tiempo mi esposo noto que yo seguía renuente al respecto y nuevamente hablamos me comentó esta vez que había investigado sobre un entrenador y yo desconfiada acepte a que viniera a la casa pues la verdad después de lo que sabia de los entrenadores no quería que le pusieran mano a mi pecosita y mucho menos un verdugo cruel. Pues les digo, acepte con temor y decidida a intervenir a la primera que notara o me sintiera extraña.
Entonces llego el día y Marco nos visito, en la primera sesión que tuvimos fue algo impresionante porque recuerdo que mencionó que él venía a enseñarnos a hablar perro y a como comunicarnos mejor con Penny, además de que él rehabilitaba perros y entrenaba a humanos jajajajaja me dio mucha risa pensar en que por primera vez estuviéramos haciendo las cosas al revés, después de una larga charla y de aclarar los puntos en los que trabajaríamos sentí un poquito de mas confianza y decidimos continuar con la próxima visita.

Para el día siguiente él nos propuso hacer una dinámica muy simpática que yo considero que fue la que me convenció de que este entrenamiento para humanos por fin nos permitiría comunicarnos con Penny de una forma espectacular.
Hasta
la fecha seguimos frecuentándonos y hemos compartido momentos muy especiales con Marco y sus perritos, mi Penny es mas feliz que es lo que me importa y por si fuera poco, sabe hacer muchos trucos muy bonitos y algunos hasta increíbles.

Considero que es
tas sesiones de enseñanza y las técnicas que utiliza son muy apropiadas y sobre todo no son violentas, entendimos que los perros no son humanos y que los humanos tenemos mas capacidades para tratar con otras especies, solo falta ponernos en sus uñas y en sus patas.



De parte de la familia Grajeda Estrada, muchas gracias a Marco, Roma, Aston, Goyo y Doze.





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